“Soy lo que vuela.

Encadenadme y seré lo encadenado que vuela.

Matadme, y seré lo encadenado muerto que vuela”. 

Miguel Oscar Menassa.

Es tremendo lo que nos cuesta a los Argentinos mantener distancia.

Somos amiguerxs, nos saludamos con un beso incluso con desconocidos, cualquiera te da la mano, nos gusta abrazarnos, compartimos el mate, algunos el pico de la botella, nos gusta reunirnos, amucharnos, estar cerca.
Tengo hermanxs viviendo en Israel, USA y Canadá, hablo con ellxs sobre todo esto que está pasando y cómo lo viven por allá y esta reclusión en este sentido les cuesta un poco menos. Si bien hay vida social, es mas fría y acotada que por estos pagos.

Desde lo astrológico, este piquete de planetas que se está dando en Capricornio (Marte, Júpiter, Saturno, Plutón) nos habla de restricción, cambio, transformación, reclusión, frialdad, distancia, re-estructuración. Cada vez que se juntaron Saturno y Plutón a lo largo de la historia han sucedido eventos de esta índole (ya lo hemos visto en otros posts).

Tenemos la idea de que la cuarentena es un suplicio, un castigo, nos desespera la idea de no poder salir excepto para lo indispensable, de no poder reunirnos con amigxs, comer asado, ir a la cancha, a recitales y espectáculos. Muchxs incluso minimizan el riesgo, ignoran protocolos, descalifican lo real de lo que está sucediendo. Apocalypse Now.

“La vida es una cárcel con las puertas abiertas” dice el controvertido Andrés Calamaro. Siempre somos parte de una prisión, nuestro cuerpo nos limita, es la primer cárcel que encontramos al nacer. Liberar alma y consciencia (si tal cosa es posible) es una tarea que, desde el momento en el que algún insight nos compele a llevar adelante, puede llevarnos toda la vida.
Quizás la única la puerta hacia la libertad total sea la muerte, ahí donde y cuando nos toque.

Les digo a mis conocidxs que ya están en cuarentena obligatoria (y nos lo digo a todos, porque es la que se viene): intentemos no quejarnos, aprovechemos para leer, aprender cosas nuevas, estudiemos, no dejemos de mover el cuerpo, meditemos, escuchemos música, bailemos, disfutemos de nuestras familias (aquellos que conviven), comuniquémonos con nuestros amigxs y seres queridos, reúnamonos aunque sea virtualmente, comamos sano y rico.

Esto pasará, durará más o menos tiempo, pero va a pasar. Si hay algún mensaje “espiritual” en todo esto podría ser: aprendamos a estar con nostrxs mismxs, carpe diem, carpe noctem, hagamos lo posible para salir fortalecidos en todos los sentidos posibles.

La prisión somos nosotrxs.